Inspiración Ryder

A la hora de sentarme a redactar este artículo se me ha presentado un dilema: por un lado me apetecía dedicar un escrito a la competición más importante de nuestro deporte, la Ryder Cup; por otro lado se ha escrito tanto de ella que no sé qué más puedo aportar desde Filazos. El especial de Crónica Golf ha sido espectacular y desde aquí deseo dar la enhorabuena a todos los redactores por su enorme esfuerzo. También debo mencionar a Ten Golf, que ha desarrollado un gran trabajo con sus interesantísimos artículos y anécdotas.

Así que he optado por firmar un post comentando la influencia que este torneo ejerce sobre los golfistas amateurs. Al margen de la intensa emoción del juego y de la alegría que nos aporta la victoria de nuestro equipo, esta contienda nos inspirará en futuros torneos que desarrollemos con nuestros amigos emulando esta competición. Disputaremos partidos contra otras cuadrillas, dentro de la nuestra o contra otros clubes, cualquier excusa será buena, y lo haremos para intentar sentir lo que esta disputa entre equipos supone: compañerismo, tensión y extrema responsabilidad para no fallarle al grupo.

Alegría compartida

Si nos tiemblan las piernas cuando nos apostamos una cena a esta modalidad, no soy capaz de imaginar lo que puede suponer jugarte el honor de un continente, en nuestro caso, o de un país en el caso de los estadounidenses. Hay que estar hecho de otra pasta. Aunque la Ryder es un negocio brutal, los jugadores compiten por el orgullo, ya que no existen los jugosos premios pecuniarios que pueden lograr en los torneos que disputan habitualmente.

Personalmente no me suelo poner nervioso en la competición individual debido a mi carácter tranquilo, pero no ocurre lo mismo en los enfrentamientos por grupos. Me apasionan esos desafíos y ese entusiasmo se lo debemos a la Ryder Cup. Estas confrontaciones entre amateurs son fiel reflejo de dicha competición, a veces impera la caballerosidad y otras veces la descortesía. La edición disputada el año 1999 en The Country Club (Brookline, Massachusetts) es un claro ejemplo de ausencia de señorío y lo vivido allí no debería repetirse en ninguna otra edición.

Ian Poulter, nacido para la Ryder Cup

Resulta curioso que en un deporte tan individualista la mayor competición sea una disputada por equipos. O tal vez sea una consecuencia lógica del carácter gregario de los humanos. Pero lo que está claro es que la mayoría de los jugadores no profesionales están deseando competir por equipos. Las sensaciones son únicas, por eso resulta increíble siquiera imaginar lo que pasa por las cabezas de los componentes de un equipo Ryder. Todo lo que nosotros experimentamos a un nivel baladí y aún así nos parece desmesurado, tendríamos que incrementarlo de forma exponencial para intentar comprender lo que ocurre en la élite. Daría casi lo que fuera por percibirlo una vez en la vida, aunque sé que es utópico, como casi todos los sueños.

Uno de los torneos que recuerdo con más cariño en mi mediocre trayectoria como golfista amateur es el Campeonato Interclubes del año pasado. Ganar siendo integrante de un equipo en un formato de match play resulta inolvidable. El único premio es un trofeo que se queda en el club. He ganado algún torneo con premios bastante atractivos, pero no se puede comparar: Me quedo con el triunfo romántico sobre el crematístico.

Y vosotros, ¿qué opináis sobre este tema? ¿Preferís competir individualmente o bajo el estandarte de un equipo? ¿Y cuál es vuestro mejor recuerdo en una competición por equipos?

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Amigos, Ídolos, Torneos, Valores. Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Inspiración Ryder

  1. Cándido dijo:

    Si.
    Las competiciones por equipos tienen algo especial pero los equipos tienen que estar equilibrados.
    Yo tambien recuerdo una buena.
    Jugamos en La Grajera una Ryder contra unos ingleses o galeses que trajo Ray (saludos Ray hace mucho que no te veo) y a mí me tocó jugar el último partido de parejas.
    Mi compañero era YOSU. Lo pongo con mayusculas porque es un fenómeno.
    El jugó mejor que yo los 17 hoyos antes del definitivo 18. Increiblemente hice par, sabiendo que era necesario para ganar.
    La cena me supo a manjar.
    Animo Romero sigue así.

  2. oldgarcia dijo:

    Gran artículo, Javier. Soy mal jugador de match-play, pero nada me motiva más pese a que las emociones (o la responsabilidad, o…) me suelen poder. He jugado bastantes competiciones por equipos y las sensaciones en el tee del 1 son únicas… y no me entra en la cabeza a qué equivaldría trasladar esas sensaciones “de andar por casa” a un escenario como la Ryder.

    Todos hemos hecho ese ejercicio de ficción y hemos imaginado cómo nos manejaríamos en un momento así. ¿Qué haríamos en el tee del 17 de Medinah, con ese obstáculo de agua agrandado por la tensión, jugándonos la Ryder y con las miradas de todos tus compañeros clavadas en ti? Un instante terrorífico, un instante mágico.

  3. Ppocass dijo:

    Nosotros tenemos entre dos grupos de amigos del club una ryder de la que llevamos ya 14 ediciones. No hay nada comparable a esta competición por el compañerismo, las ganas, los nervios y la tensión. Al final siempre ganadores y perededores fundidos en un abrazo.
    Buen filazo Javi.

  4. Miguel Ángel dijo:

    Os voy a contar un cuento. Partido final de una competición por equipos. El último partido es el definitivo y un bando tenía q ganar para retener el título. Este bando iba 2 abajo con 3 hoyos por jugar. En el hoyo 16 un jugador del bando q iba por delante la deja en green de 2 a 3 metros de bandera para birdie y su contrincante se va fuera de green. El empate era suficiente para unos y el birdie una obligación para los otros.
    Todos los componentes de ambos equipos rodeaban el green, y sólo con mirar las caras se sabía a que equipo pertenecían. El jugador que tenía la bola fuera de green hace un rodadito que sale un poco rápido, da al centro del mástil de la bandera y la bola desaparece en el fondo del hoyo. El griterío era como el que se escuchó cuando marcó Iniesta en la final del mundial. Impresionante. Y como se suele decir en estos casos, ese golpe retrasó unos cuantos metros hacia el put del otro jugador y lo falló. Uno abajo y dos por jugar.
    El siguiente hoyo lo volvió a ganar el mismo bando y todo se iba a decidir en el último hoyo del último partido. Las pulsaciones estaban por encima de lo sano y los nervios a flor de piel. El público animaba sin saber muy bien que decir.
    Dos jugadores de bandos contrarios hicieron buenas salidas. El jugador del bando que necesitaba el empate jugó primero, dió un FILAZO estratosférico que golpea contra el talud del búnker de green y reposa suavemente en green a 8 metros de bandera. Las pulsaciones del otro jugador subían y subían como sí no hubiese un mañana. Tenía un golpe de 140 m a bandera y estaba en la situación que miles de veces se había imaginado y que siempre acababan con un golpazo que terminaba al lado de la bandera. Pero la realidad supera a la ficción. Con un hierro 8 golpea la bola como un pro dirección de bandera. Sólo faltaba oír los gritos cuando la bola llegase a su objetivo…..pero estos nunca llegaron. La bola hizo 20 m más de lo normal, golpeó un árbol, retrocedió y quedó imposible para hacer otro birdie, salvo milagro que no se produjo.
    Sólo quedó felicitar al equipo campeón, el del autor de este blog.
    El protagonista de este cuento soy yo y esa media hora de mi vida fue la más intensa y bonita de mi vida, deportivamente hablando a pesar de perder. Siempre he dicho que a mi el golf me ha hecho vivir algo único y solo por eso ya merece la pena tantos sinsabores.
    Todo jugador de golf debería sentir al menos una vez en la vida lo que yo sentí ese día y eso solo puede pasar en competiciones de este tipo.
    Un saludo y perdón por la extensión.

  5. Carlos Lacunza dijo:

    Amen hermano!!! Curiosamente a raiz de la ‘epica vivida en la Ryder a uno se le contagian las ganas de vivir una sensación semejante aunque sea a muchisima menor escala. Nervios, tensión, compañerismo y honor… EL caso es que dándole vueltas para mi mismo, pensé, a la que uelva de alemania, alla por primavera le tengo que dar un toque a Javier para ver si organizamos una Ryder nuestra cuadrilla contra sus gatuperas… Pero una Ryder con todas las de la ley y con comida/cena de hermanamiento final, no sé alguna competici’on de caracter anual, un año en cada campo o en campo neutral… Todo ser’a darle vueltas…
    Al respecto aalgo ya hicimos e Belindo y yo contra una cuadrilla de Zuasti. La “Belindo’s Cup” con equipaciones y todo, pero al final se trunco por el mal tiempo, compromisos varios e imponderables varios

    • Carlos Lacunza dijo:

      Le he dado a enviar sin querer, jeje (Sigo). En resumidas cuentas, a ver si poco a poco todos, cada uno con quien quiera y si le apetece organiza diferentes competiciones que creo que le dan mucha salsa a este grandioso deporte.

  6. Txuma Campos dijo:

    Gran post, Javi.

    Solamente una vez he competido por equipos, y me ha encantado la experiencia. Efectivamente, la sensación de presión es mayor, al menos para mí. Yo repetiría sin duda.¿Tal vez sea el momento de plantear una #RyderTwittour? (ahí lo dejo).

  7. mike belindo dijo:

    excelente post again Javi, y podemos sentirnos orgullosos de nuestro deporte, y una de sus competiciones más bonitas… es lo más! y aunque no debería ser así, si el resto del mundo no lo entiende, que les den: como golfista, no puedes dejar este mundo, sin probar… u’know ;o)

    abrazo from USA!

  8. Oscar dijo:

    A mi me encanta competir por equipos y aparte de la alegría que te aporta vencer al otro equipo es el cachondeo que existe durante todo el año por ese torneo y tal como has comentado sin ningún premio a cambio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *